EL BANCO ROJO

Una manera de honrar a las que se fueron y

luchar en contra de la violencia de género. 

La ceremonia

Bajo grandes reflectores se ve un banco todavía cubierto por una tela blanca y arriba, un ramo de flores. A su lado, dos caballetes: en uno está la foto de Ángeles sonriendo; en el otro, el dibujo icónico del movimiento "Ni una Menos", el de la cara de una mujer con su mano en la señal de alto, de pare, de basta.

El acto comienza con el himno argentino y las voces que cantan intentan no quebrarse en el intento. La mamá y la abuela de Ángeles, se llevan la mano derecha al corazón mientras entonan las estrofas y aplauden con furia cuando la música deja de escucharse. 

Guadalupe Tagliaferri, Ministra de Desarrollo Humano y Hábitat de la Ciudad de Buenos Aires, comenzó con las primeras palabras del acto. Preparó un discurso breve, de no más de un minuto. Después le pasó el micrófono a su acompañante, Claudio Avruj, el secretario de Derechos Humanos de la Nación. Tampoco se extendió mucho, pero fue conciso en su mensaje: "Que estos bancos rojos que van a estar en la plazas, que ya están, que van a estar en este lugar donde recorría y caminaba y soñaba Ángeles, nos interpele a todos".

Luego de que los funcionarios hablaran y se abrazaran con los familiares, el turno fue de Jimena. Esa mujer que siempre que uno de sus seres queridos estaba a punto de quebrar se le acercaba y le hacía una caricia, una mano al hombro, un gesto de amor para que puedan transitar el acto, toma el micrófono y con voz segura comienza: "Yo siempre digo que Mumi, como le decíamos nosotros, fue unión. Unió al país a través de la lamentable pérdida de su vida, pero también creo que nos interpeló a todos como sociedad".

Su hermano Juan Cruz también la homenajea con sus palabras. Asegura que todos los días decide ir caminando de la Facultad a su casa para poder visitar un rato la plaza donde ahora está parado y poder charlar con ella un rato. 

Los que deciden no emitir palabras son su medio hermano, Jerónimo Rawson y su padre Franklin. Se quedaron de pie, durante todo el acto, con cara triste. Como todos.

Es domingo 10 de junio a las ocho y media de la noche. Abrigada con grandes tapados, la gente se reúne en la Plaza Jacarandá (Av. Santa Fe 5091) para la ceremonia. El caso de Ángeles Rawson está fresco en la memoria de los presentes, aunque ya pasaron cinco años desde que la mataron.

- Por lo menos no llovió- Dicen los invitados mientras miran a un cielo encapuchado de nubes grises y negras - el pronóstico se equivocó. 

- Ah, esa fue Ángeles que desde el cielo no sé cómo hizo pero se las arregló para que no nos mojemos. Siempre fue un poco cabeza dura - Comenta Jimena Aduriz, su madre, mientras saluda a los presentes. 

Entre la gente que asistió, muchos llevan pines con las caras y nombres de diferentes mujeres víctimas de femicidios. Sole, Guada, Ángeles. Se reunieron a mostrarle su apoyo a la familia  porque la tragedia las unió en la lucha por justicia y la esperanza de que no ocurra nunca más un femicidio.

Resúmen de la jornada. Video realizado con María Eugenia Aiello, Martín Segarra, Rodrigo Bordazahar, Miguel Arévalo y Melisa Reinhold.

Ahora sí, es hora de que el banco sea descubierto. Nunca una sábana fue tan pesada. Entre todos los miembros de la familia Rawson agarran una punta de la tela y, cuando se ponen de acuerdo, pegan un tirón y dejan al descubierto un banco rojo que tiene escrito en cursivas: "En memoria de todas las mujeres asesinadas por quienes decían amarlas. Vivas nos queremos".

La abuela de Ángeles, Teté, lee una prosa que escribió un familiar de ellos al cual no mencionan. "Hay desde siempre bancos de plazas verdes. Grises. De piedra. De Madera. Bancos de plazas móviles y de los fijos. No hay siempre bancos rojos en las plazas. Ni placas que digan tu nombre: Ángeles...".

Cuando Teté termina, con su hija al lado abrazándola para que termine de leer el texto sin llorar, un cura esparce agua bendita sobre aquel asiento rojo "a semejanza del agua bautismal que recibió un día Ángeles y que la llevan por los

caminos de la santidad. Dios bendigas este banco rojo para que nos concientices como ella nos enseñó siempre a favor de la vida". En el nombre del padre, Amén. 

Para cerrar el acto, un coro acompaña con canciones. En la primera canción todos lo soportan medianamente bien. Ya en el segundo tema, Jerónimo Rawson se tira al suelo y se arrincona contra la pared mientra estalla en un llanto inconsolable. No se puede parar, tampoco quiere. Enseguida lo comienzan a intentar de calmar amigos, familiares. Y los coristas siguen cantando y cada vez a Jerónimo lo rodean más personas y tiene a cinco, seis, siete personas encima de él, todos en un abrazo unidos, todos contra esa pared en el suelo. Como pueden, lo retiran de la escena. Sigue sin poder pararse, está quebrado. Su padre Franklin ahora también tiene lágrimas en los ojos, aunque se vuelve a poner debajo de los reflectores hasta que la bendita canción deje de sonar y así dar por concluido el acto para irse a su casa y poder sufrir sin los ojos compasivos de los asistentes, que también están llorando.

Cuando todo termina, los presentes se acercan a saludar a Jimena. Amigos, compañeros de lucha, periodistas y desconocidos. Saluda a todos por igual, con un gran beso y abrazo. Una señora se larga a llorar desconsolada cuando la abraza al grito de "tenía la misma edad que mi nieta". 

De a poco, la Plaza Jacarandá se va vaciando. Las luces que antes iluminaban la escena ya se apagaron. Ahora queda un banco rojo. Y una placa de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires que le "rinde homenaje a la memoria de Ángeles Rawson, una joven vecina del barrio que solía jugar en este lugar, y cuya vida fue truncada por un femicidio cometido tras un abuso sexual, el 10 de junio de 2013"

Entrevista a

cLAUDIO AVRUJ

Entrevista a

JIMENA ADURIZ

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